Innovación, competitividad, felicidad

Por más que intento identificar y extraer de los aspectos tecnológicos, metodológicos y herramentales las claves para generar en las actividades intensivas en conocimiento, valor sostenido eficaz y eficientemente, siempre termino en los aspectos organizacionales, personales y éticos más próximos a la emoción que a la razón.

Mucho me temo que es en el ámbito de los anhelos personales y no en el de los objetivos empresariales donde se juega la verdadera batalla de la competitividad.

Percibo que estamos consumiendo desmesurados recursos en definir estrategias, planificar, controlar, gestionar personas, hacer roadmaps, dibujar organigramas y elaborar procedimientos. Y al mismo tiempo, dedicamos muy poca atención a saber cómo conseguir  que las personas sean felices en su trabajo, residiendo aquí el mayor potencial de mejora radical. Parece que aceptamos como una verdad de sentido común que el trabajo no es el lugar para ser felices o que esto es incompatible con la eficiencia. Tal vez esta percepción sea de sentido común, pero no está claro que sea verdad.

Sí es verdad que:
  • Las personas dan lo mejor de sí mismas cuando lo que hacen es por placer
  • Nos encaminamos hacia una sociedad en la que la vida personal y profesional están cada vez más interconectadas y que por ello el sentido de la vida personal se extiende al de la vida laboral

Por consiguiente, considero que se hace necesario transitar de los conceptos más propios de la gestión de las organizaciones hacia los más emocionales (placer, fluir, motivación, sentido, autogestión, creatividad, etc.). Seguro que no funciona con el 100% de las personas pero igual sí  lo consigue con el 50%. ¿Iniciamos este camino o seguimos compitiendo con las economías emergentes y los anhelos personales de sus habitantes?

El género literario del management

Durante mucho tiempo me he preguntado quien sería el lector tipo de los best seller sobre cualquiera de las muchas disciplinas del management. Soy un ferviente seguidor de alguno de ellos. El último que he leído es Lo que ahora importa del Gary Hamel y creo que  aporta una muy valiosa reflexión sobre nuevos modelos de gestión, en consonancia con los tiempos de corren. Los expertos a los que me refiero, son reconocidos profesores y consultores de prestigio, con un portfolio repleto de importantes compañías y que acreditan una indiscutible capacidad de comunicación y de difusión de sus teorías, modelos o experiencias. Muchas de sus propuestas se soportan en estudios estadísticos, en ciencias del comportamiento, de la sociología, o la economía y se ilustran con casos reales en empresas.

Pues a pesar de todo ello, es muy difícil encontrarse con organizaciones que hayan implantado sus enseñanzas o que estén intentando hacerlo. Da la sensación de que los que estudian a los gurús del management o no lo hacen para aprender de ellos o no son los que tienen la capacidad de plantearlo en sus empresas.

Mi perfil técnico me ha acostumbrado a buscar, permanentemente, mejoras que pueda incorporar a los materiales, a los procesos de fabricación, a los productos, a las herramienta de diseño o a las metodologías de ideación. Para ello me valgo de libros, ferias, congresos o conversaciones con colegas y clientes. Identificar una propuesta que parezca mejorar lo conocido, es razón suficiente para buscar la oportunidad de estudiarla e implantarla. La búsqueda de esas nuevas propuestas forma parte de mi trabajo tanto como el desarrollo de proyectos o la resolución de problemas.

Pero percibo que no ocurre lo mismo en el ámbito de la gestión (disciplina que actúa principalmente sobre las personas). Los libros sobre gestión y principalmente sobre innovación en la gestión, son mayoritariamente obviados. Como dice Daniel H. Pink, hay una gran distancia entre lo que la ciencia sabe y las empresas aplican. Parece que, en el terrero de la gestión, lo que manda no es el conocimiento sino la voluntad y los valores.

Yo diría que los  libros sobre management, constituyen un género literario más próximo al de la autoayuda o la autoreconciliación con uno mismo, que al de la formación en buenas prácticas en gestión de empresas.  Esta es mi hipótesis. Tengo la sensación de que el público objetivo de estos libros es el de los gestores o mandos intermedios que nunca han tenido, o han desaprovechado o han perdido la oportunidad de gestionar empresas, áreas de negocio o equipos de personas. Algunos de ellos incluso pueden haber "muerto" en el intento de innovar en modelos de gestión. Por supuesto este público es mucho más numeroso que el de los gestores en activo y por consiguiente las cifras de ventas guardan una buena correspondencia con ese cementerio de elefantes al que se suman consultores deseosos de desarrollar nuevos productos y servicios tras el correspondiente proceso que complejización de teorías, metodologías o modelos inicialmente fáciles de comprender.

En efecto, yo me veo como el público objetivo de esos libros. Posiblemente cumplo unos cuantos de los hirientes calificativos dirigidos a mis compañeros de lectura. Pero todo ello forma parte de nuestro equipaje vital y no renuncio a ni una sola de las experiencias pasadas y presentes. Solo pido que no desaprovechemos el saber o las buenas ideas en cualquiera de los campos del conocimiento, en generar reflexión placentera a un grupo de lectores, aunque su número sea elevado. Animo a no perder la oportunidad de experimentar en gestión e implantar lo que mejor se adapte a cada organización. Lo considero más necesario que nunca.

La encrucijada de la I+D+i Vasca. Apuntes de un investigador

El sistema vasco de I+D+i, constituido por numerosos agentes de diferente adscripción, ha gozado de un merecido prestigio. La Administración Vasca ha apoyado decididamente la I+D+i aportando recursos económicos, tanto a los agentes tecnológicos, como a las empresas. El crecimiento del Sector del Conocimiento ha generado importantes retornos económicos de la Comisión Europea y apoyado el desarrollo tecnológico del tejido industrial. De todo ello, quedan unos ratios de inversión en I+D y de personas dedicadas a la investigación homologables con Europa. El empeño bienintencionado en promover la I+D, unido a ”inevitables” intereses políticos, en ocasiones muy territorializados, ha llevado a disponer de una oferta tecnológica con líneas de trabajo no siempre complementarias y unas capacidades superiores a las que pueden absorber nuestro tejido económico. Por consiguiente ha sido una necesidad exportar I+D, fuera del ámbito vasco.

Pero el contexto económico ha cambiado. La profunda y larga crisis económica está erosionado el tejido industrial (desapareciendo empresas y reduciendo su capacidad de inversión). Al mismo tiempo, la Administración Vasca ha reducido los recursos destinados a la I+D. La Administración Central y otras Administraciones Autonómicas, prácticamente, han eliminado los incentivos más atractivos. El último Programa Marco Europeo ha terminado y  puede que durante este año, no haya ninguna llamada del nuevo. Por otra parte, al ser la Comisión Europea casi la única fuente de financiación de proyectos de I+D para una gran parte de los países europeos en crisis, es razonable pensar que la probabilidad de aprobar proyectos disminuya al aumentar mucho el número de proponentes.

En este nuevo escenario, las estructuras tecnológicas comienzan a resentirse. Es previsible que algunos de los Agentes Tecnológicos dependientes de los recursos privados, también comiencen a padecer las inclemencias de la tormenta económica.

Durante los años de bonanza, las Administración ha fomentado los grandes proyectos, de grandes presupuestos, con grandes empresas o en consorcio. La motivación por lo grande ha podido tener que ver con la decisión de reforzar la competitividad de las empresas ya más fuertes y también como modo de simplificar la gestión y administración de las ayudas. Alrededor de la necesidad de coordinar y gestionar grandes proyectos, algunos Agentes han generado pesadas estructuras indirectas. Posiblemente,  existen desequilibrios entre la actividad tecnológica y la actividad indirecta y de gestión, que penaliza la eficiencia y la generación de valor, imprescindibles para competir en mercados internacionales o en el mercado nacional sin ayuda pública.

¿Y ahora qué? ¿Es posible adaptarse al nuevo contexto sin contraer el tejido tecnológico? La opción más sencilla es, por supuesto, redimensionar las plantillas a la nueva capacidad de contratación de los centros. Para ello, durante un tiempo, una parte del presupuesto para hacer I+D+i se emplearía en financiar despidos. En un ambiente de miedo al despido  se activan los comportamientos de supervivencia más individualistas, que hacen disminuir la eficacia y eficiencia de una actividad que necesita del trabajo en equipo. Por otra parte, los perfiles profesionales despedidos difícilmente accederían, en nuestro ámbito, a puestos de trabajo similares. Se incrementaría el infraempleo y la emigración. Estos dos procesos empobrecerían el valor patrimonial de nuestra sociedad, al disminuir el valor de uno de nuestros intangibles (profesionales formados y experimentados en actividades de alto valor añadido) y reforzaría a nuestros competidores regalándoles una parte de nuestros profesionales. Por consiguiente, el redimensionado de plantillas sirve para justificar la cuenta de resultados de los centros, pero no es bueno para los intereses generales de país.

Estoy convencido de que, a pesar del escenario negativo, el sector del conocimiento puede y debe mantener intactas sus capacidades poniéndolas, más si cabe, al servicio de nuestro tejido productivo.

En el actual contexto, hay que llevar a cabo la necesaria liposucción de actividad indirecta  alejada de la tecnología que haga mejorar ineficiencias, que ya no podrán ser compensadas con ayudas públicas directas. Será necesario evitar perder cuota de contratación en proyectos europeos, a pesar de aumentar la competencia. El histórico nos demuestra que hemos sabido sumarnos a consorcios y coordinar Proyectos Europeos. Es más, realmente hemos sabido cumplir el objetivo que hace unos años nos propusimos; centrarnos en grandes proyectos de I+D traccionados por grandes empresas en las temáticas definidas a nivel europeo y nacional. Ahora necesitamos cumplir un segundo objetivo, y podemos hacerlo igual o mejor que el primero; centrarnos en las necesidades técnicas del día a día del tejido industrial local y evitar que desaparezca haciéndolo crecer y tecnificarse.

Es necesario reaprender a trabajar en proyectos pequeños o muy pequeños, con  igual o mayor eficacia y eficiencia que en los grandes. Es necesario dar peces, más que enseñar a pescar. Debemos ser la nube no virtual de Recursos Tecnológicos a disposición de las empresas. La PYME y la microPYME son estadios mucho más avanzados, de cara al desarrollo económico, que el emprendedor. Si la idea del emprendimiento es clave, mucho más debe serlo la del desarrollo de las empresas ya constituidas. Debemos “directizar”, poniendo al servicio de nuestros clientes, nuestra fuerza comercial,  capacidad de networking y de influencia en el mercado. Debemos innovar en lo organizacional para mejorar nuestra competitividad, adaptabilidad y agilidad, promoviendo modelos de gestión participativos que minimicen las necesidades de supervisores, controladores y gestores. Debemos promover la creatividad y el intraemprendimiento, derribando barreras organizativas en lugar de levantarlas. Hay que buscar la innovación radical sin olvidar la incremental. Debemos aproximarnos mucho más a la realidad industrial. Debemos prepararnos para participar en proyectos de riesgo / beneficio compartido y en otras formas de cobro, como la participación en empresas. Y por encima de todo, debemos ser expertos productores de Tecnología Aplicada. Los procesos internos de un  Centro tecnológico deberían estar más próximos a los de una actividad manufacturera, que a los de una empresa de servicios. Debemos abrirnos a la sociedad no solo empresarial, sino también educativa y emprendedora.

En definitiva, se identifican numerosas alternativas, aun no explotadas, de optimización de la competitividad interna. Es un hecho que la creatividad dirigida a innovar es el principal elemento de generación de valor en las empresas de economías desarrolladas. Y la innovación tecnológica es uno de los frentes para los que estamos especialmente capacitados. Solo nos falta aplicar mucha innovación organizacional.

Entre el exhibicionismo y la implicación

Personas a las que aprecio, definen mi predisposición a opinar en reuniones o en redes sociales como tendencia al exhibicionismo. Confío en que con ello no se refieran a las acepciones más negativas del término. Seguramente, la réplica aludiendo a mi implicación y compromiso con las causas o temáticas que me ocupan y preocupan, esté demasiado escorada hacia el extremo contrario.

En cualquier caso, teniendo en cuenta la falta de cultura participativa de nuestra sociedad, creo que sería un mal menor asumir el riesgo de convertirnos en exhibicionistas.

El desentendimiento de los asuntos que nos afectan está muy bien aceptado por la sociedad y las organizaciones. No hablar, no participar, no aportar, es una opción tan válida como hacer lo contrario. Parece que están al mismo nivel. Es más, la opinión en público (no en la máquina de café con los colegas) suele asociarse a intereses individuales, ganas de dar la nota, hacer la pelota, transmitir negatividad o exhibicionismo. El saber popular identifica muchas más razones para no participar que para hacerlo.

Pues ni mucho menos debería ser esto así. Salvo que la no participación sea una postura activa de desacuerdo o boicot, deberíamos penalizarla. Penalizar la no participación es un paso para avanzar y promover las sociedades y modelos de gestión participativos.

No confundamos este asunto con esa otra expresión tóxica propia de algunas organizaciones promotoras de la no participación: “No acepto ningún problema sin propuesta de solución”

Menos QUÉs y más CÓMOs


El panorama está claro. Las empresas cierran o reducen producción, cae el empleo, se incrementan los impuestos, se recortan las ayudas y la inversión pública. Con todo ello, disminuye la creación de valor, se contrae el consumo y el sector servicios y se recaudan menos impuestos en una espiral que se retroalimenta convirtiéndose en un huracán que destruye todo a su paso.

Ante esta situación ¿por qué nos empeñamos en confundir la solución de los problemas con el objetivo que pretenden cumplir?. ¿Por qué cuando nuestra empresa entra en números rojos decidimos que hay que facturar más, obtener más valor añadido, ser más eficientes o impulsar la actividad comercial? ¿Por qué cuando el país está al borde de la bancarrota insistimos en que hay que promover el emprendimiento, cambiar el modelo productivo o mejorar la competitividad? Por qué los verbos siguen conjugándose en reflexivo o en tercera persona?

A estas alturas todo esto son obviedades. Ahora toca hablar, aportar ideas, desarrollar modelos y metodologías, difundir propuestas, formar e informar, identificar activos materiales e inmateriales sobre CÓMO:
  • Contratamos más
  • Generamos más valor añadido
  • Mejoramos la eficiencia
  • Impulsamos la actividad comercial
  • Promovemos le emprendimiento
  • Cambiamos el modelo productivo
  • Aumentamos la competitividad
Es cierto que la Real Academia de la Lengua recoge que solución es el desenlace o término de un proceso. Pero entonces ¿cómo denominamos al proceso para conseguirlo?

Algunos de los CÓMOs deberían tener en cuenta que:
  • La implicación y participación de todos en la búsqueda e implantación de soluciones no debe ser una opción sino una obligación.
  • Debemos plantear objetivos y acompañarlos del proceso para conseguirlos.
  • Debemos proponer cambios de calado que afecten al mayor número posible de personas. Nada cambia haciendo lo mismo de la misma forma. Ninguna propuesta de solución consigue mejoras importantes si afecta a un número pequeño de personas.
  • Tenemos que conseguir que las élites no representen la principal resistencia al cambio.
  • Debemos equivocarnos algunas veces para terminar acertando. Por ello, los modelos de gestión deben ser altamente flexibles y de baja inercia.
  • La planificación, la estrategia, la supervisión y el control son actividades a minimizar o eliminar cuando se convierten en freno.
  • La innovación, la motivación, la responsabilidad, el interés colectivo frente al individual y la identificación de las mejores capacidades de cada persona son objetivos a maximizar.
  • La razón de ser o el sentido de la vida o/y del trabajo deben tener un claro reflejo en los procesos que abordamos cada día

    Este es el punto de partida y no el resultado de una análisis para superar la crisis.

Oportunidades de los Plásticos y Composites en el Sector de la Herramienta de Mano


Lugar: Bilbao Exhibition Centre
Fecha: 15 de Marzo de 2012
Evento: Feria internacional de ferretería y bricolaje. Jornadas Técnicas

El pasado 15 de Marzo, participé como ponente de Tecnalia en la Feria FERROFORMA de Bilbao. El objetivo de la presentación fue transmitir cómo se pueden explorar las oportunidades que, para un sector o gama de productos, puede ofrecer un conjunto de materiales o procesos de fabricación habitualmente no empleados o muy poco empleados.
 
El sector de la herramienta de mano frente a los plásticos y composites representa un caso extremo de aparente baja afinidad y por consiguiente un reto muy apropiado para el objetivo propuesto. Pero nadie dijo que fuera fácil incrementar el valor añadido de una gama de productos. Sí es fácil entender la fórmula de creación de valor para el suministrador:
Los productos de este sector están asociados a: costes bajos-precios bajos, durabilidad, rendimiento, robustez y otros requerimientos propios de las herramientas de trabajo. Si no lográramos romper este bucle solo podríamos pensar en materiales metálicos y sus procesos de transformación.
 
La primera aportación que proporciona el uso sistemático de una metodología de trabajo, también en las fases iniciales de un proceso de generación de ideas, es ampliar el campo de lo que entendemos por utilizar plásticos y composites. Pensar en PLÁSTICOS Y COMPOSITES para nuestro sector es explorar:
 
1. Su capacidad para aportar nuevas o mejores prestaciones a los productos (habitualmente nos quedamos aquí)
2. Las necesidades de herramientas de mano que genera el propio sector transformador de plásticos y composites
3. Las necesidades de herramientas de mano generadas por el aumento de aplicaciones de los composites en la sociedad
 
La segunda aportación de la exploración sistemática de ideas (análisis de las tendencias sociales, tecnológicas, de mercado e industriales) es la identificación de los cambios de paradigma que rompen barreras o ideas preconcebidas:
 
-Entorno doméstico: Transformar las herramientas de trabajo en herramientas de ocio (BRICOLAJE –DEPORTE – HUERTO URBANO – EXCLUSIVIDAD)
-Entorno industrial: Asociar al producto todos los costes ligados a su uso (PRODUCTIVIDAD – PÉRDIDAS - ROBOS-ACCIDENTES).
-El peso comienza a ser un requerimiento técnico NO cosmético (el valor del DESIGN TO PLASTIC)
 
Y de este modo vamos llegando a:

1. Funciones o prestaciones que requieren del uso de los plásticos y composites
  • Ligereza
  • Anticorrosión
  • Aislamiento eléctrico
  • Diseño y ergonomía
  • Personalización (diseñadas para un usuario único)
  • Sensorización (Anti-robo)
  • Luminiscencia (Anti-pérdidas)
  • Autolubricación
  • Estanqueidad (a líquidos y gases)
  • Seguridad en su uso

2. Campos de aplicación
  • Reparación y montaje de productos con electrónica de potencia (vehículos eléctricos)
  • Reparación y montaje de instalaciones en ambientes corrosivos (naval, eólica offshore)
  • Trabajo en condiciones de baja luminosidad (construcción nocturna)
  • Aplicación de ámbitos en los que es peso es importante (Deporte, ocio, competición, tercera edad, trabajo aéreo)
  • Reparación y montaje de elementos de alta sensibilidad a la rotura o al daño por caída de herramientas

3. Transformación y uso de los plásticos y composites en la sociedad
  • Kits y herramientas para reparar productos de Composite
  • Herramientas de corte, mecanizado y pulido de fibras y piezas
  • Insertos y otros elementos para embeber
  • Herramientas para verificar la integridad estructural tras un accidente o daño

El paso siguiente es analizar las soluciones técnicas posibles y su viabilidad económica e industrial.

El resultado de este proceso debe ser la identificación de alguna idea no obvia pero factible y compatible con los activos de la empresa que busca mejorar su competitividad. Una única buena idea es suficiente. Pero para ello hay que generar muchas ideas. En el proceso de ideación cantidad es calidad.

La fábrica de burbujas (2 años después)


No quisiera que se interpretara del contenido de este post una especial inquina ni ánimo revanchista hacia “los de arriba”, los gestores, los directores, los que mandan o como queramos denominar a los que dirigen las organizaciones empresariales y los ámbitos públicos. Muchos de ellos han sido y son referentes profesionales e incluso personales de los que intento aprender todo lo posible. Pero tampoco estoy seguro de cómo poder evitar transmitir una imagen generalizada de  déficit de valores, sin diluir el mensaje.

Esta crisis está evidenciando que las reglas de juego en los ámbitos empresariales / sociales y los responsables de desarrollarlas y aplicarlas, se mueven o sobrepasan los límites de la moralidad. Y por ello, también toca hablar de moralidad y de valores además de capacidad gestora, de eficiencia y de innovación tecnológica y organizacional.

Se percibe, tanto en ámbitos empresariales como en los de la gestión pública, una alarmante incapacidad para analizar situaciones y poner en marcha soluciones. La respuesta más frecuente de los gestores a los problemas es ganar tiempo apelando a la confianza, apoyándose en la “contabilidad creativa”.

La única medida realmente operativa  que se considera desde “el minuto 1” es la reducción de la masa salarial mediante la reducción de salarios y/o despidos. Pero ciertamente esta medida no requiere de ningún tipo de habilidad directiva. La sabe aplicar cualquiera. De hecho, en bastantes ocasiones,  debería ser  la constatación que evidenciara incapacidad gestora.

El deseo de ganar tiempo no suele formar parte de una estrategia de puesta en marcha de medidas correctoras. Se trata, generalmente, de aplicar la patada “palante” y a ver qué pasa. Esta práctica se convierte en el origen de las burbujas. Cuando la burbuja estalla se transforma  en una  sorprendente cantidad de pérdidas económicas encadenadas generadas, en algunos casos, durante muchos años con estas prácticas.

En ocasiones, las burbujas se hacen estallar cuando un contexto externo puede justificarlas (por ejemplo una crisis económica, un incendio, un conflicto diplomático o un cambio político). Pero, realmente, el origen suele ser muy anterior.

¿Y por qué es tan frecuente este “modus operandi”? Porque es aplicado por un pequeño colectivo de personas que tienen o asumen toda la responsabilidad en la resolución del problema. Ese problema se convierte en SU PROBLEMA (no en el problema de todas las personas que resultarán afectadas). Y su problema se transforma en conseguir justificar su capacidad para resolverlo y con ello su permanencia en el puesto. Por ello, los gestores apelan constantemente a la confianza (algo que se otorga pero que no se debería reclamar).

La creatividad financiera o contable pretende hacer ver lo que realmente no existe, tratando de reforzar con datos falsos, que son merecedores de confianza. Cada nueva patada “palante” se transforma en una nueva ampliación de contrato para los gestores.

Para que está práctica se generalice son necesarios dos supuestos que se cumplen frecuentemente: una fuerte cultura organizacional del positivismo no resolutivo sino estético y una insuficiente implicación de las personas en la resolución de “sus” problemas

Por todo ello, la participación de los empleados o ciudadanos no debe  ser solo una reivindicación ligada a la “democracia organizacional” planteada, en ocasiones, como una actitud voluntaria. La participación debe tratar de reforzar los lazos con la empresa o país, la transparencia, la implicación y la motivación. También debe permitir aprovechar la inteligencia colectiva y ejercer control sobre los órganos de gestión. La participación debe ser un deber, como lo es pagar impuestos.

Hace dos años compartí un post con el mismo título. Había olvidado su contenido. Al releerlo me convenzo de que, como algunas vacunas,  es necesaria una dosis recordatoria del mensaje porque no ha perdido un ápice de vigencia.