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Discurso censurado de Nick Hanauer en TED: "Los ricos no crean empleo"


Publicado por Pedro L.G. en Youtube el 03/01/2013
El pasado mes de marzo, el fundador de Amazon y gear.com Nick Hanauer, uno de los inversores más importantes de Estados Unidos, apareció en la conferencia organizada por el Technology Entertainment and Design ante un acaudalado público formado por algunos de los más importantes empresarios estadounidenses y afirmó: "Si es verdad que mantener bajos los impuestos de los más ricos produjese más puestos de trabajo, hoy en día estaríamos saturados de ofertas de trabajo". Sin embargo, no ha sido hasta hace unos días que el popularmente conocido como TED, reputado organismo dedicado a la organización de charlas dirigidas a las elites --la entrada más barata cuesta 7.500 dólares--, decidió no publicar el vídeo de su participación, al considerarlo inapropiado, polémico y partidista.

A pesar de la fama y reputación del norteamericano, su conferencia no ha superado el filtro de Chris Anderson, máximo responsable del TED y el encargado de seleccionar aquellas que formarán parte de la página web de la organización. A pesar de la negativa de Anderson, el discurso y su presentación en PowerPoint pronto aparecieron en la página web de The Atlantic y se difundieron por toda la web. El vídeo puede verse en YouTube. Rápidamente, las acusaciones de censura comenzaron a aflorar en diversos blogs, periódicos y foros.


Entre otras controvertidas ideas, Hanauer defendía el aumento de los impuestos entre las clases más pudientes de Estados Unidos, ya que no son ellas sino la clase media, emprendedora y consumidora al mismo tiempo, la que produce más puestos de trabajo. "He comenzado o ayudado a empezar docenas de negocios y he contratado a montones de gente. Pero si nadie hubiese tenido dinero para comprar lo que ofrecíamos, todos estos negocios habrían desaparecido y con ellos, los puestos de trabajo", señalaba el inversor. "Eso es por lo que puedo decir con confianza que los ricos no crean trabajo ni hacen negocios, ni grandes ni pequeños".


La charla fue considerada "demasiado política"¿Qué hace especial el caso de Hanauer? Que se trataba de un inversor de éxito, aplaudido unánimemente por sus grandes logros, dirigiéndose a un público formado por grandes fortunas. Y que, por si fuera poco, apelaba a su propia experiencia como empresario para justificar una mayor igualdad fiscal. Sin embargo, bajo el hipotético rupturismo de Hanauer, no se oculta un revolucionario reparto de la riqueza ni un ataque indiscriminado a los dueños del capital, sino precisamente un camino de salida ante la crisis que, según él, pasa por fortalecer las clases medias y bajas en cuanto que son las que consumen los productos que los empresarios crean para ellos. Y a pesar de esto, gran parte del público se sintió aludido, señalado y molesto por las afirmaciones del licenciado en Filosofía por la Universidad de Washington.


¿Censura o falta de interés?


"Demasiado política". Esa fue la razón ofrecida por Chris Anderson para justificar su decisión de no admitir la controvertida participación de Hanauer en la página web de TED. Algunos partidarios del empresario de Seattle han contraatacado recordando que el propio Anderson no ha dudado en invitar en repetidas ocasiones a varios políticos, y otros han indicado que es una mera excusa para censurar un comentario incómodo. Por su parte, el propio Hanauer ha asegurado "aceptar la decisión. Él es el dueño, así que decide lo que comparten". Una afirmación que bajo su apariencia de cordialidad, sugiere que siguen siendo los dueños de los canales de difusión, como Anderson, los que deciden los mensajes que llegan al gran público.


Los que mandan son los últimos en conocer la situación real

He encontrado un artículo que explicaría por qué nuestros políticos no han acertado a diagnosticar la gravedad de la crisis y sus consecuencias. Por supuesto, esta explicación es válida si usted todavía es de los que cree que nuestros políticos pecan solamente de carencias de aptitudes y no de actitudes: Los directivos son los últimos en recibir las malas noticias Generalmente no quieren oírlas, pero éste es sólo uno de sus principales errores de comunicación Stever Robbins, un experto en comunicación corporativa, asegura en un artículo recién publicado por la Harvard Business School que los directivos son los últimos en recibir las malas noticias principalmente porque no van en busca de ellas.

Este es sólo uno de los errores que respecto a la comunicación comenten los directivos. En su lista, Robbins también incluye la mentira, el ocultar la verdadera situación de la empresa o usar los medios a su alcance para comunicarse de un modo equivocado. La mayor parte de estos problemas se solucionan con el diálogo, con un diálogo franco. La comunicación con los niveles más bajos de la organización es clave en momentos de crisis. Pese a que hay absoluta coincidencia en esta afirmación, lo cierto es que los directivos tienden a cometer siempre una serie de errores que repercuten en dicha comunicación y en sus resultados.

El experto en comunicación Stever Robbins, ha hecho un análisis de los errores más comunes en un artículo publicado por Harvard Business Review. El más llamativo es que los directivos son los últimos en recibir las malas noticias. En primer lugar de esta lista estaría comunicar algo controvertido “sin haber hecho un trabajo de campo previo”. Se refiere al hecho de que los anuncios contro-vertidos o delicados suelen engendrar rumores, ansiedad o resistencia. Robbins considera que, en lugar de hacer este tipo de anuncios a un grupo, antes habría que entablar una conversación con un grupo pequeño o con una persona para conocer sus objeciones o sus críticas. El diálogo es fundamental para ahuyentar esa tensión. Dar nombre al problema sería el primer paso.

Las reorganizaciones, los cambios de estrategia o un cambio entre departamentos son los temas que más tensión provocan. El diálogo abierto la calma. Además, es necesario estar al tanto de nuestro lenguaje corporal, ya que en muchas ocasiones es a través de ese diálogo como mejor nos podemos comunicar en la ansiedad. El artículo también habla de la mentira. Algunas mentiras o medias verdades son bienintencionadas. Algunos temas han de permanecer en secreto mientras están bajo nego-ciación, pero hay que tener cuidado con cómo mante-nemos nuestros secretos. Si la gente se da cuenta de que estamos mintiendo, dice Robbins, correremos el peligro de que pierdan la confianza en nosotros.

En lugar de mentir, Robbins recomienda que se practiquen frases como “No puedo responder a esto ahora mismo” cuando se nos pregunte por algún tema delicado. Ignorar la realidad Suele ocurrir que los puestos más altos de una organiza-ción no se enteran de las malas noticias hasta que éstas no son inevitables. Algunos directivos cuanto más poder tienen menos han oído algo sobre los problemas. Esta es la naturaleza humana: los problemas se filtran según van subiendo a través de la jerarquía corporativa. Los directivos no tienen que esperar a que las malas noticias les lleguen, sino que “tienen que buscarlas” y dar su punto de vista sobre ellas. Otro de los consejos que da Robbins en su artículo es ponerse a la altura de la audiencia. Por eso, si el directivo sospecha que no está siendo comprendido, tiene que hacer un esfuerzo extra y darse cuenta de que esta función forma parte de su trabajo. A este respecto, los directivos tienen la tendencia a maquillar los problemas cuando están motivando a su equipo.

Si las cosas no van bien, ese equipo probablemente esté más al día de esos problemas que el propio directivo. En lugar de tapar, es más inteligente “echar mano” de sus destreza para encontrar soluciones. Según el artículo, una de las tendencias más extendidas es la de usar medios de comunicación inapropiados. Por ejemplo, el correo electrónico es un medio muy útil, pero pierde esa utilidad cuando se trata de abordar asuntos más emocionales. El e-mail puede provocar malos entendidos. Escuchantes y lectores Sin embargo, una llamada telefónica o una reunión cara a cara es un método poco eficiente para diseminar una información, pero excelente para discutir. Es el mejor modo para ver cómo reacciona nuestro interlocutor, sus rasgos, sus expresiones faciales etc. Robbins divide a la gente en “escuchantes” y en “lectores”. Los primeros no se van a centrar en escribir informes, sino que tenderán a hablar lo más que puedan.

Los lectores están encantados de recibir memorandos pero hablarles no es el mejor modo para conseguir su fidelización. Los directivos no han de tener miedo de preguntar a la gente cómo quieren recibir la información de su parte. Fuente: Raúl Morales - Tendencias21 http://www.tendencias21.net/

¿Cual es el Plan para gastar mejor?

Garmendia: "Ninguna empresa ni científico se van a resentir por la austeridad"

La ministra de Ciencia e Innovación asegura que ningún proyecto de investigación se verá afectado por el ajuste del gasto público Publicado en "El País" - 20/05/2009 La ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, ha asegurado hoy que ninguna empresa innovadora ni ningún científico español "se van a ver resentidos" en la financiación de sus proyectos de investigación a consecuencia del ajuste del gasto público aprobado la semana pasada.

La ministra respondía así en el Pleno del Congreso al diputado del PP Gabriel Elorriaga sobre dicho ajuste, aprobado el pasado jueves por el Consejo de Ministros, que supone un recorte de 289,66 millones de euros para el Ministerio de Ciencia e Innovación. Garmendia ha subrayado que tanto las empresas de innovación como los científicos "están llamados a ser grandes protagonistas" del cambio de modelo económico en España.

La ministra ha asegurado que el Ministerio no ha sufrido ningún cambio respecto a las competencias en materia de ciencia e innovación y ha destacado que desde el año 2005 la inversión pública en I+D+i se ha triplicado y por primera vez en la historia de España está por encima de la media de los países europeos. Ha considerado que en época de crisis "no siempre es posible gastar más, pero siempre es posible gastar mejor" y ha insistido en que "la ciencia española dispone hoy de tres veces más recursos públicos de los que disponía en la última época del Gobierno de Aznar". Ha resaltado también que los presupuestos en I+D+i crecieron más del año 2004 al 2008 que en los últimos ocho años en los que gobernó el PP, así como que la inversión pública y privada de este sector respecto al PIB en 2005-2007 ha crecido más que en los catorce años anteriores. El diputado del PP ha criticado que a pesar de que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunciase en su discurso de investidura que iba a doblar los recursos para ciencia e innovación, en los Presupuestos Generales del Estado presentados cinco meses después el gasto no financiero atribuido al Ministerio de Ciencia e Innovación disminuyó un 5,1%. Además, Elorriaga ha lamentado que en el ajuste presupuestario aprobado el pasado jueves este Departamento haya sido "el peor tratado", ya que el 30% del recorte "fue para la ciencia".

¿Es esta la forma de apoyar la ciencia y la innovación?", ha preguntado el diputado, quien ha pedido a la ministra que "haga uso de su condición de independiente y denuncie el maltrato que está sufriendo la ciencia y probablemente con eso contribuirá más a solucionarlo" Si como señalamos hace unos días... "I+D y ayuda al desarrollo, principales afectados por el plan de recorte fiscal de 1.500 millones El Ministerio de Ciencia e Innovación será uno de los más perjudicados por el recorte de gasto de 1.500 millones de euros que anunció el ex vicepresidente económico Pedro Solbes el pasado febrero, mes y medio antes de abandonar el Gobierno, informa Europa Press.

En una respuesta parlamentaria remitida por el Ejecutivo al Congreso, se informa de que las aportaciones patrimoniales de 422,6 millones de euros incluidas en el presupuesto de este departamento se verán recortadas en 129 millones, al mismo tiempo que se renunciará a ejecutar el crédito del que disponía para realizar aportaciones al CDTI para proyectos de I+D+i en el área de la energía por importe de 30,2 millones de euros.

Sin salir de las partidas tecnológicas, Industria confirma un recorte del 50% en la partida prevista para la aportación a Red.es, hasta los 50 millones de euros…." Cinco Días - Madrid - 28/04/2009 ¿Como puede no suceder nada cuando se produce un recorte de presupuesto de 1.500 millones?

Estaría sinceramente muy interesado en conocer el proceso de mejora aplicado por el Ministerio de Ciencia e Innovación para que un recorte de presupuesto de 1.500 millones no tenga consecuencias en la comunidad científica ni en las empresas.

Sobre como se cumple el VI Plan Nacional de I+D+i (2008-2011)

Los científicos, preocupados por la congelación del I+D El incremento de inversión para 2009 es seis veces menor de lo previsto 

"La Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), una entidad que agrupa a más de 30.000 investigadores, mostró ayer su preocupación por la congelación del presupuesto del Gobierno para I+D+i. En uno de los dos informes que presentó ayer, COSCE apunta que en los Presupuestos está previsto destinar 9.637,04 millones de euros a investigación científica y tecnológica en 2009, lo que supone un incremento del 2,5% sin contar con la inflación. La cifra se aleja mucho del incremento anual de recursos del 16% previsto en el VI Plan Nacional de I+D+i (2008-2011).

La intención es lo que cuenta

Dicen que no es el cuchillo, sino la intención de quien lo utiliza. En los procesos de cambio, evolución, desarrollo, innovación... no es verdad que lo determinante sean los métodos y herramientas. El factor crítico que más influye en el resultado es la intención de los involucrados, y especialmente de los que dirigen el proceso. 

Decía un afamado terapeuta que cuando un paciente realmente quiere curarse, basta soplarle suavemente para que lo consiga. Las herramientas pueden ser las mismas, pero no obtiene el mismo resultado quien aspira a controlar una organización que quien aspira a ayudarla a desarrollar su máximo potencial. Y, por supuesto, a menudo no basta preguntar a alguien para conocer su auténtica intención... a menudo a uno mismo le cuesta entender la suya propia, conocerla y, sobre todo, reconocerla... Alfonso Longo - 30 de Abril de 2009 http://www.alfonsolongo.blogspot.com/

Ciencia e Innovación : ahora más que nunca

Desde hace un año, y especialmente desde el pasado mes de septiembre, el estado de nuestra economía y las predicciones sobre su futura evolución han llevado a asumir niveles de incertidumbre que hubieran sido impensables unos meses atrás. Sentimos el desempleo como nuestra principal amenaza, pero también miramos con recelo la caída abrupta de la actividad empresarial y las consecuencias del estrangulamiento crediticio. Hay además quien argumenta que la economía española, debido a características estructurales subyacentes, se puede ver especialmente lastrada para superar la actual situación. El pasado lunes 16 pudimos escuchar al premio Nobel Paul Krugman dentro de la jornada Innovae: la innovación como solución, organizada por el Ministerio de Ciencia e Innovación. Su diagnóstico pesimista sobre la evolución de la economía ha hecho que algunos insistan en que la recesión tendrá un impacto más negativo en España que en otras economías más deterioradas, como la británica y la estadounidense. Por mi parte, creo que, más que lamentarnos por los problemas, es hora de trabajar en las soluciones. De las palabras del premio Nobel me quedo, en primer lugar, con una evidencia: la arquitectura de nuestro sistema productivo está debilitada -más que por el excesivo peso del sector inmobiliario o la dependencia del sector exterior- por la lenta evolución de la productividad que nuestra economía ha registrado en las dos últimas décadas, creciendo menos que la de países de nuestro entorno. Y me quedo también con otra idea apuntada por Krugman en la que quiero centrar mi reflexión: para combatir esta debilidad es preciso seguir apostando por la innovación. Es más, creo que España cuenta con capacidades de innovación -muchas de ellas bien recientes- que es posible capitalizar para salir reforzados de la crisis. Analizar las causas de nuestro diferencial de productividad supera el alcance de esta tribuna, pero basta una breve reflexión para sacar conclusiones en función de una política científica y de innovación. Siendo la productividad un cociente entre el valor añadido bruto y el coste total de los factores -capital y trabajo-, la primera de las opciones para aumentar la productividad es reducir el denominador, es decir, controlar el coste de los salarios. Ante esa vía, el presidente del Gobierno fue tajante en su intervención en la jornada Innovae: no saldremos de la crisis debilitando las políticas sociales, sino reforzando el modelo productivo. La pregunta es: ¿cómo hacerlo? Podemos preguntarnos por qué nuestra economía no ha sido capaz de incrementar el valor añadido bruto de su producción, al menos, al mismo ritmo que lo ha hecho el coste de la mano de obra. La respuesta es nítida: porque hasta hace unos pocos años no hemos invertido, de una forma sistemática, en innovación. Ahora bien, para que haya innovación es necesario que exista la capacidad de producirla, lo que está ligado al nivel de capital humano y tecnológico y al esfuerzo en I+D. En ambos casos se trata de variables cuyos resultados no son inmediatos, ni siquiera cuando se incrementan súbitamente los recursos, entre otras razones, porque las capacidades y estructuras que permiten absorber este conocimiento no pueden generarse de forma repentina. La buena noticia es que las cosas están cambiando en los últimos años. Hoy contamos con un potencial científico y tecnológico que podemos poner en valor: éste es uno de los pilares sobre los que construir el cambio de modelo productivo. Nos encontramos, de hecho, ante una oportunidad única en nuestra historia económica. La población activa de la España de hoy está integrada por las generaciones mejor formadas de nuestra historia, situándonos por encima de la media de los países de la OCDE en lo que se refiere al nivel de formación del que disfrutan los jóvenes de entre 24 y 35 años; un indicador que nos permite ocupar un destacado octavo lugar en las clasificaciones internacionales. Además, nuestra producción científica ha experimentado un gran dinamismo -crece cuatro veces más rápido que la media de la producción internacional- y disponemos de un stock de conocimientos que es necesario poner en valor. España es hoy la décima potencia mundial en producción científica y cuenta con un porcentaje de investigadores por cada mil habitantes que está en la media europea. Simultáneamente, el esfuerzo de la Administración General del Estado ha permitido multiplicar por 2,9 el gasto público en investigación, desarrollo tecnológico e innovación desde 2004. A ello se suman distintas acciones de carácter transversal destinadas a fomentar la innovación, como es el caso de los incentivos fiscales a las inversiones empresariales en I+D, que se mantienen más allá del año 2011 y que figuran entre los más favorables del entorno de la OCDE. Con todo, la tarea a la que nos enfrentamos no es fácil y requiere una enorme capacidad de liderazgo por parte de las Administraciones Públicas, del sector privado y, sobre todo, de un esfuerzo colectivo que sólo es comparable, en nuestra historia reciente, al esfuerzo realizado a finales de los años setenta. Hoy, 30 años después, el desafío de la sociedad española es iniciar su transición hacia una economía basada en el conocimiento. La presente recesión económica, además de problemas, nos ha traído algo positivo: ha puesto de relieve que dicho cambio es ineludible e inaplazable. La pregunta, por tanto, no es si podemos. La pregunta es si queremos, si la sociedad española está dispuesta y quiere realmente emprender este proceso de transformación, porque los países que no saben o no quieren sacrificar lo urgente por lo importante están abocados al fracaso. En este proceso, todos tenemos parte de responsabilidad. Desde el Ministerio hemos tratado de responder a esta pregunta a través de dos ejes de acción: el fortalecimiento del sistema español de ciencia y tecnología y el diseño de los necesarios procesos de modernización y reforma. En cuanto al fortalecimiento, no se trata sólo de invertir más en I+D, sino de invertir mejor: focalizando los recursos sobre las bases de una estrategia compartida con las Administraciones autonómicas. Dos buenos ejemplos de este enfoque son el Mapa de Infraestructuras Científicas y Tecnológicas Singulares -laboratorios de gran envergadura que compiten en el espacio europeo de investigación- y la creación de los Institutos de Investigación Sanitaria, orientados a valorizar el conocimiento acumulado en el sistema sanitario y de investigación biomédica, potenciando su conversión en prácticas que reviertan directamente en la salud de nuestros ciudadanos. El proyecto de modernización y de reforma, por su parte, tiene su reflejo más visible en nuestra Estrategia Universidad 2015 y en la nueva Ley de Ciencia y Tecnología, cuyo proyecto enviaremos a las Cortes en los próximos meses. La Estrategia Universidad 2015 -cuyo despliegue corre parejo al proceso de Bolonia- apuesta por una universidad de futuro, abierta y competitiva, en la que los estudiantes desarrollan su ciclo formativo en distintos centros de Europa; por unos campus universitarios que sean espacios en los que institutos universitarios, laboratorios y empresas cooperen en torno a proyectos ambiciosos que conecten las fortalezas de cada territorio con las oportunidades internacionales. La nueva ley, por su parte, acometerá reformas largamente postergadas en nuestras instituciones de investigación para que sean más eficientes, abiertas y competitivas: con más capacidad para atraer y retener a los mejores investigadores, con menos barreras para la cooperación entre el sector público y el privado. También las empresas encontrarán en la nueva ley un instrumento para hacer de la I+D una actividad sistemática, en la medida en que nos dotaremos de más estabilidad y unas reglas más claras, flexibilizando las relaciones entre centros de ciencia y empresas. En definitiva, el debate sobre la crisis y la baja tasa de productividad nos lleva a centrar los esfuerzos en las políticas de ciencia e innovación. Basta aprovechar las tres claves del éxito: unas capacidades científicas e innovadoras sin precedentes, las oportunidades abiertas por el proceso de modernización universitaria y de reforma del marco legal y -quizá lo más importante- el consenso de todos los agentes sociales, económicos y de los grupos políticos. Un consenso, difícil de encontrar en otros ámbitos de la vida pública, que apuesta por la universidad, la ciencia y la innovación como base para el cambio de nuestro modelo productivo. Se trata de una oportunidad que no podemos permitirnos dejar pasar. No somos ingenuos, sabemos que el momento es difícil, pero no hay cuestión más urgente que la propia supervivencia. Además, el 2009 no sólo es el año de la crisis, también es el Año Europeo de la Creatividad y la Innovación. ¿Lo intentamos? 22/03/2009 -"El País"- TRIBUNA: Laboratorio de ideas CRISTINA GARMENDIA MENDIZÁBAL (Ministra de Ciencia e Innovación)

Más sobre mágia e innovación... cuando faltan las ideas

Foro 'Innovae' Zapatero apuesta por la innovación en todos los sectores para salir de la crisis El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, apostó hoy por la innovación para salir de la actual crisis económica, tanto en los sectores de futuro -energías renovables, tecnologías de la información y la comunicación, biotecnología y salud y aeronáutica y astronáutica- como en los tradicionales -turismo, agroalimentación y construcción-. Ep - Madrid "Cinco Días" - 16/03/2009 "Innovar en la situación económica mundial es más necesario y útil que nunca en todos los sectores de la actividad productiva", dijo durante su intervención en el foro 'Innovae', en el que participó juntó a la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia. En este sentido, precisó que el objetivo del Gobierno para afrontar la actual coyuntura es que la economía española "en su conjunto" sea una economía innovadora. Así, el jefe del Ejecutivo señaló como prioridades la creación de un entorno económico y administrativo propicio para la innovación en el sector empresarial, el fomento de la I+D+i en sectores estratégicos como la salud, las energías renovables y la lucha contra el cambio climático, y la modernización del sistema de investigación y desarrollo mediante una nueva Ley de Ciencia, la Estrategia Universidad 2015 y un nuevo modelo de formación profesional.

La industria española del automóvil no va a sobrevivir

Pankaj Ghemawat asegura que el mundo no está globalizado. "Hablemos, como mucho, de semiglobalización", dice. Pero bromea y lamenta con ironía que su trayectoria no le sirva de ejemplo. Nacido en India, se doctoró en Harvard y actualmente es profesor de la escuela de negocios IESE en Barcelona, aunque nos recibe en Madrid, donde prepara unas conferencias. Aporta nuevos datos sobre cómo replantear el comercio entre comunidades autónomas.

La transición industrial

Publicado en Expansión el 16-03-2009 , por Miguel Valverde La ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, sostiene que, en medio de la preocupante situación que está generando la recesión, tal vez sea ésta una excelente oportunidad para empezar a cambiar de una vez las estructuras de la economía española. Garmendia recalca que era una cuestión de tiempo que estallase un tejido productivo basado fundamentalmente en actividades de mano de obra intensiva y de baja cualificación, como la construcción y el sector inmobiliario, a los que cabe añadir el turismo y sus aledaños, así como el amplio sector de actividades auxiliares de las empresas. La ministra defiende que ha llegado el momento de hacer una nueva transición económica, como las que, en los años ochenta, dejaron atrás un tejido industrial obsoleto y propio de un país aislado, como había sido España hasta entonces, o ya en la década de los noventa, privatizaron buena parte de las grandes empresas públicas. La ministra tiene razón, porque, tal vez, al mismo tiempo que se desarrolla la recesión es posible que hayamos entrado en un largo periodo de transformación de todo el tejido económico que debería reorientarse hacia la inversión tecnológica, la industria y el convencimiento de que España no debe resignarse a ser un país de servicios para los jubilados del norte de Europa, ni a esperar, que una vez deteriorados sus paisajes, su patrimonio histórico y natural, los operadores turísticos decidan reorientar su clientela hacia destinos menos explotados y más baratos. Los últimos datos comparados de desempleo de la OCDE son una demostración clara de lo que ha sido la economía española en los últimos años. La tasa de paro, situada en el 14,8% de la población activa, es, con diferencia, la más elevada del mundo desarrollado. La segunda es la de Eslovaquia, con el 9,8%, y no les cuento la diferencia de España respecto a economías tan próximas como Alemania, Francia o el Reino Unido. Incluso, en el actual proceso de destrucción de empleo, las diferencias en el nivel de paro entre España y el resto de países de la OCDE van en aumento, porque, en términos comparados, nuestro desempleo está creciendo un 5,8% interanual. No cabe ninguna duda de que el origen de este desastre está en la contaminación que sobre el resto de la economía ha producido la caída de la construcción, como un gigantesco juego de dominó, alimentado por la crisis del sector financiero. Sólo hay un país, como Irlanda, que se acerca a España en la siniestra clasificación del crecimiento del desempleo, con un 4,1%, en tasa interanual, y que, curiosamente, también tenía buena parte de su economía basada en la construcción. En fin, la tasa de paro de España duplica, o casi, la media de la propia OCDE, con un 6,9% de la población activa; de la zona del euro, con un 8,2%, o de la Unión Europea, con un 7,6%. Por todas estas razones, y porque podemos estar ante el fin de un modelo y el comienzo de una larga transición los debates industriales sobre la presencia española en el consorcio aeronáutico europeo EADS, la difícil situación de General Motors con plantas en media Europa y, por supuesto, en España, o, por extensión, sobre el futuro del sector nacional del automóvil, son extraordinariamente preocupantes. No sólo está en juego el futuro de miles de puestos de trabajo, de comarcas y hasta de provincias enteras, sino también la consolidación del modelo hacia el que deberíamos ir en el futuro. No hay devaluaciones de la moneda que valgan ni rebajas posibles –ni deseables– de los niveles de protección social para competir. Sólo le queda a España acertar con su política industrial, las reformas necesarias y el impulso a la innovación y a la mejora del producto. En estos momentos en los que toda Europa y el conjunto del mundo desarrollado está creando políticas proteccionistas conviene estar muy atento a las maniobras de nuestros socios para no perder presencia en los consorcios industriales, como ha estado a punto de ocurrir en EADS, con la división militar, o las políticas de ayudas públicas, aprovechando que, debido a la recesión, Bruselas insinúa que puede mirar hacia otro lado mientras dure la recesión.

El reto de la innovación, Bernando Hernández 06/02/2009

En octubre de 2005 la doctora Sylvia Earle, exploradora de los mares durante 50 años, coincidió con John Hanke, fundador de Keyhole, empresa que fue adquirida por Google en 2004 dando origen a Google Earth. La reunión tuvo lugar en Barcelona. Sylvia le dijo a John que Google Earth estaba muy bien, pero que debería llamarse Google Dirt (arenal en inglés) pues faltaba la parte más importante: el mar. Google Earth solo cubría el 30% del planeta; faltaba el otro 70%, la superficie cubierta por 1.134 trillones de litros de agua. John volvió de Barcelona y le comentó la anécdota a uno de los ingenieros. En Google los ingenieros pueden dedicar un día a la semana, un 20% de su tiempo, al proyecto que quieran sin que tenga que estar relacionado con su trabajo diario. El ingeniero con el que John habló decidió comenzar a trabajar en la integración de los océanos en Google Earth en ese 20% libre de su tiempo. Pronto el proyecto consiguió el suficiente reconocimiento interno como para convertirse en un producto 'oficial' de Google. Así es como nació la integración de los océanos en Google Earth que ha sido presentada esta semana en San Francisco. La concepción y el nacimiento de este nuevo producto es a mi juicio uno de los mejores ejemplos de una eficiente generación de innovación en las empresas de tecnología. Creo que el proceso tiene cuatro partes fundamentales. La primera es permitir que las ideas surjan de cualquier sitio, cualquiera puede tener una idea brillante. La innovación no debe estar encerrada en la estructura jerárquica de las organizaciones. Precisamente la gente con más experiencia, y con más responsabilidad organizacional, es la que muchas veces está menos capacitada para tener la objetividad necesaria que requiere la creatividad de la generación de ideas. Un becario o un colaborador son tan válidos generadores de ideas como el mejor de los directivos. La segunda es que la idea tiene que solucionar problemas importantes, necesidades concretas. Muchas de la ideas se recrean en sí mismas sin solucionar un problema real. Otras ideas solucionan problemas pequeños y prescindibles. Cuanto mayor sea el problema que soluciona la idea, mayor será su probabilidad de éxito. No importa lo difícil que sea la solución. Cuanto más complicada sea la solución menos competencia. La tercera es contar con el talento necesario para poder hacer posible lo que parece un sueño. La tecnología permite mucho más de lo que nos imaginamos, y con la gente correcta en tu equipo muchas de las cosas que parecen ciencia ficción son posibles. La cuarta es no esperar a que el producto sea perfecto para lanzarlo. Lanzarlo con una calidad mínima y dejar que los usuarios sean los que digan lo que funciona y lo que no. Es mucho más efectivo ser rápido en hacer cambios en función del comportamiento de los usuarios que contratar consultores. Solo las empresas que tengan en cuenta estos principios estarán en disposición de innovar. El problema con la mayoría de las empresas tradicionales es que sus estructuras son demasiado pesadas para generar dinámicas de innovación. Por el contrario las empresas pequeñas, o que se comportan como las empresas pequeñas, están en mucha mejor disposición de generar ideas y desarrollarlas. Bernardo Hernández. Director mundial de Geomarketing de Google

La magia y la innovación, Pedro Ugarte - El País

El lenguaje político tiene sus fórmulas litúrgicas, sus letanías, sus rosarios. Las palabras adquieren modos rituales. Se repiten de tal modo que acaban convertidas en un mantra hipnotizante. De entre los mantras recientes ninguno tan emblemático como I+D+i, jeroglífico extraído de alguna tumba egipcia, aunque todos esperamos que alguna nueva letra (¿I+D+i+S? ¿I+D+i+p?) dote aún de mayor fuerza al salvífico artefacto. Invertir en I+D+i tiene indudable interés. Nadie duda de su importancia. ¿Quién podría hacerlo? ¿Qué patán, qué borrachuzo podría estar en contra de innovar? Nadie levanta el dedo porque, en efecto, nadie nos pilla en ésa. Pero más allá de la necesidad de innovar, que apela a nuestro sentido del deber, a nuestra responsabilidad histórica, prácticamente a nuestro heroísmo, convendría no utilizar la fórmula con insistencia, pues corremos el riesgo de que se convierta en un fetiche verbal, algo muy triste. Hablar de innovación supone, en el discurso público, una patente de corso. El político pronuncia la palabra mágica (innovación) y el universo adquiere conciencia de la talla de nuestro hombre; lo envuelve en un aura regeneracionista: un Joaquín Costa de la modernidad. La innovación se ha convertido en un recurso polivalente, en una eximente dialéctica y argumental. Dices innovación y te vuelves invulnerable. Padecemos una profunda crisis económica, pero los políticos juraron un día, con fiereza socialdemócrata, que el presupuesto público puede resolvernos la vida, de modo que ahora se ven en la obligación de obrar en consecuencia. Y como hacer lo que hay que hacer resulta desagradable (hasta el punto no ya de no dar votos, sino de quitarlos a manadas) optan por una postura huidiza: reivindicarse hijos putativos de Keynes (así se reputan los diputados) y airear ante las masas el concepto innovación. ¿Habrá que abaratar el despido? No, hay que innovar. ¿Habrá que bajar los impuestos? No, hay que innovar. ¿Habrá que reducir los prepuestos? No, hay que innovar. ¿Habrá que aceptar la quiebra de empresas arruinadas? No, hay que innovar. ¿Habrán dejado nuestras empresas de ser competitivas? Bajo ningún concepto: lo que hay que hacer es innovar. La innovación sirve para un roto y para un descosido. La innovación esquiva con donaire danzarín los dramas que nos aguardan. La innovación conjura, como el sonajero de un chamán, toda suerte de amenazas: paro, déficit público, burocracia, irresponsabilidad, falta de competitividad, saqueo del presupuesto público. En tiempo de crisis hay que tomar decisiones difíciles, ese tipo de decisiones que detestan los políticos. Pero hemos descubierto la innovación, que viene acompañada de un efecto tranquilizador, narcótico, sedante. Y es que entre tomar decisiones molestas o no hacer absolutamente nada, la política ha encontrado una prodigiosa salida de emergencia: hablar de innovación. La magia y la innovación PEDRO UGARTE, El País 21/02/20