La crisis, otra excusa para no mejorar la competitividad

En varios post´s he mecionado razones por las que las organizaciones no acometen mejoras competitivas basadas en innovar. En el actual contexto de crisis ha surgido un nuevo elemento que permite ocultar nuestras ineficiencias, "la propia crisis".

¿Quién podría negar que existe crisis y que ésta afecta negativamente a una gran parte de la actividad económica? Pues esa es la única razón que esgrimen algunas organizaciones para justificar una cuenta de resultados insatisfactoria. Alrededor de las potenciales consecuencia de la crisis sobre una organización, se puede construir un argumentario verosímil que justifique el incumplimiento de los objetivos.

En consecuencia, la crisis es responsable de cuatro efectos en el ecosistema de los negocios:

1. Los específicos de reducir la demanda, aumentar la competencia y dificultar la financiación externa.
2. La parálisis a la que puede llevar el miedo, la incertidumbre y la prudencia.
3. La ocultación o no búsqueda de mejoras de eficacia y eficiencia dentro de la propia organización.
4. La exploración y explotación de nuevas oportunidades

Finalmente y como casi siempre, son la voluntad de priorizar los intereses de la organización y su colectivo de empleados respecto a todo lo demás y la capacidad gestora, los principales responsables de cómo se responde a la crisis para no salir perjudicados.

La crisis es un elemento externo sobre el que no podemos actuar. La cuenta de resultados es un archivo Excel con muchas celdas que se van llenando con cifras consecuencia de la eficacia y eficiencia con la que ejecutamos nuestros procesos internos. Ahí están los elementos de gestión de nuestra organización. A la cuenta de resultados y a la crisis no hace falta dedicarle mucho tiempo por que no contienen elementos de gestión.

Para saber lo que pasa hay que levantar la cabeza de la excel

En mas de una ocasión se ha mencionado en este blog que, a pesar del dicho, los números ni mucho menos hablan por si solos. A los números se les hace hablar en el idioma y con el sentido que desee el "interprete" que los maneja.

El asunto resulta obvio y cada vez parece mas sinsentido hacer mención o recopilar las infinitas muestras de manipulación que gestores empresariales, políticos o medios de comunicación al unísono lanzan a la ciudadanía como medicina para el embrutecimiento colectivo.

A pesar de ello, no he podido resistirme a rescatar del pozo de los horrores las ultimas muestras de esta práctica, confiando en que la ciudadanía haya quedado ya inmunizada de tanta voluntad de manipulación.

El diario "El Mundo" del pasado 7 de Febrero dedica dos páginas previas a la que recoge la noticia "La creación de un nuevo contrato para jóvenes divide al gobierno" el siguiente titular y subtítulos:
- El 65% acepta un despido mas barato
- El 63% de los parados menores de 30 años apoya la creación de los miniempleos
- El 56% de esta franja de edad esta dispuesto a trabajar por un sueldo inferior al mínimo
Encuesta El Mundo-Sigma2 entre los desempleados.
http://elmundo.orbyt.es/2012/02/06/elmundo_en_orbyt/1328560326.html

¿Qué pretende demostrar estadísticamente esta encuesta? ¿Que las personas harían casi cualquier cosa por sobrevivir? o simplemente no quiere demostrar nada y se trata solo de una licencia periodística para aceptar de mejor grado la información de la página siguiente.

Otro ejemplo del escaso valor de los números es la noticia del 8 de Febrero en "El País" que hace referencia a la exigencia de saneamiento de la banca española:

"La mitad del saneamiento de la gran banca será un mero reajuste contable...
cerca de la mitad del saneamiento de 50.000 millones anunciado por el Gobierno para hacer frente a la pérdida de valor de los activos inmobiliarios va a consistir en un mero cambio de denominación"
http://economia.elpais.com/economia/2012/02/07/actualidad/1328648157_533797.html

Cuando a la economía financiera o especulativa le sumamos la economía "real" justificativa basada en "jugar con números" nos encontramos con un altísimo volumen de actividad que no crea valor y que por consiguiente debe ser pagada por los que sí crean valor.

Trabajo fijo y aburrimiento

Casi nadie quiere un trabajo para toda la vida. Casi todos queremos el mejor trabajo en cada momento (con su combinación de ventajas personales, económicas y profesionales). Por ello, casi todos tenemos el mejor trabajo al que podemos acceder, porque si existiera uno mejor ya habríamos cambiado.

Ahora bien, ante la 1- falta de dinamismo en el mercado laboral o 2- el disfrute de unas condiciones laborales superiores a las que ofrece el mercado (por estar ocupado en un sector intervenido-ámbito público) nos instalamos en el miedo (o precaución responsable) o en el cobrar por hacer acto de presencia (actividad poco relacionada con el trabajo, sin ningún tipo de expectativa profesional, vocación o necesidad de aportar o generar valor). Ambas circunstancias son sistémicas y/o ideológicas generadas directamente o como efecto "colateral" por el sistema económico y político.

Igualmente es ideológico difundir, como mensaje previo a una reforma laboral que liberalice el despido, que es bueno que los jóvenes cambien de trabajo para que no se aburran.

Los ciudadanos saben lo que les conviene, nos mayoritariamente conscientes de sus capacidades profesionales y de la salud del mercado laboral.

Las fábulas, mensajes o libros de "autoayuda" que pretenden explicar las bondades del cambio forzoso, pueden ser en muchos casos bienintencionados y sinceros pero generalmente refuerzan la línea ideológica de un sistema económico y social del que conocemos sus consecuencias y sus ganadores y perdedores.

Percibo que vivimos tiempos en los que el nuevo paradigma debería dirigirse no tanto hacia como adaptarse al sistema sino hacia como cambiarlo o salirse de él. El actual contexto ofrece infinitas oportunidades de innovación social que deben ser fomentadas y exploradas.

¿Donde está el entrenador?


Leía recientemente que España tiene 4 equipos de fútbol entre los 25 primeros del mundo pero no tiene ninguna universidad entre las 100 primeras.

Es relativamente frecuente el intento de traspasar  prácticas del mundo del deporte al de las organizaciones. El deporte de equipo es una actividad inequívocamente competitiva cuyos resultados se analizan semana a semana. La calidad y cantidad de indicadores y datos utilizados es de mucha más fiabilidad que los manejados por los cuadros de mando integral en nuestras empresas. Por ello, y aunque las diferencias entre un equipo compitiendo en una liga y una empresa haciéndolo el mercado pueden ser enormes, también hay elementos comunes.

Si nuestras empresas están ávidas de mejora competitiva y al mismo tiempo el deporte de equipo en España lleva varios años en la elite mundial, ¿por qué no analizarlo y buscar elementos que puedan marcar diferencias?

El primer elemento que identifico en el mundo del deporte que no aparece en el contexto de las organizaciones es el entrenador. Parece obvio que el entrenador es una figura clave e imprescindible en un equipo. Se espera de él que pueda extraer lo mejor de los jugadores actuando sobre la táctica, la técnica, el físico y la mentalidad. Por supuesto, en cada uno de estos planos la aportación de entrenador y jugadores no es la misma. Por otra parte, el entrenador es un elemento revulsivo, es decir, cuando los resultados esperados no llegan, se le cambia confiando en un efecto homeopático que en ocasiones da resultado.

El entrenador manda en el banquillo, gestiona una plantilla en ocasiones multimillonaria y define la estrategia del equipo. Pero al mismo tiempo se pone el chándal, corre en los entrenamientos, gana menos que muchos de sus subordinados, es valorado semana a semana, debe dar explicaciones e interpretaciones tras los partidos y se puede prescindir de él en cualquier momento. ¿Quien o que función en una organización cumple estas condiciones tan exigentes? Yo no identifico a nadie.

Nuestros directivos gestionan (actividad claramente intangible), definen estrategias, demandan multitud de datos (más de los necesarios y no los principales) y la clasificación se interpreta y explica una vez al año. La distancia entre los puestos de dirección y el terreno de juego es demasiado grande como para llegar a oler la camiseta y pase lo que pase la dirección no cambia. Los teóricos entrenadores (mandos intermedios, directores de departamento o de unidad de negocio) dirigen mirando hacia arriba en lugar de hacerlo hacia el equipo. No están al servicio del equipo sino al servicio de la alta dirección. Así el equipo no tiene entrenador.

La crisis “sistémica”


En ciertos momentos oímos con insistencia y luego se desvanece durante una temporada, el calificativo “sistémico” para referirse a la actual crisis. En función del tono vital y consignas que asumen más o menos voluntariamente los medios de comunicación, se destapa u oculta este término.

Si se asume una crisis como sistémica no podemos esperar que las soluciones procedan del propio sistema dado que éste es el responsable de los problemas. Las soluciones a un problema sistémico solo pueden proceder de fuera del sistema (por las buenas o por las malas).

Pero si necesitamos urgentemente soluciones (este contexto de urgencia también lo dibuja el propio sistema) y nadie ajeno al sistema asume el  mando, la sensación de desamparo y miedo (otro asunto también gestionado por el sistema) nos lleva a resignarnos y esperar soluciones sistémicas a los problemas sistémicos. Es algo así como creer que todos los guías espirituales de una religión vean la luz al mismo tiempo y decidan cambiar sus creencias de la noche a la mañana por otras esencialmente distintas (¡un milagro!).

Como mencionamos en numerosas ocasiones en este blog,, muchas organizaciones son perfectos prototipos o simulaciones a baja escala de lo que sucede en la sociedad y su sistema socio – político – económico (a su escala 1:1).

La falta de competitividad y éxito empresarial de muchas organizaciones es también principalmente sistémico. Son el propio equipo directivo y la cultura inoculada en la organización los responsables de la mayoría de sus males. En estos casos, el equipo directivo forma parte indisoluble de la organización, bien por ser la propiedad o por tener permiso para ejercen un modelo de gestión sin supervisión ni control.

Cuando una organización con problemas sistémicos busca ayuda en los “tecnócratas” (consultores o facilitadores) no suele facilitarles muchos las cosas. Las principales resistencias que deben vencerse y que casi nunca se consigue, no son hacer entender el nuevo modelo o asegurar la factibilidad de su implantación, sino la aceptación del cambio de statu quo (real o virtual) del equipo directivo. En estos casos a la organización solo le espera un largo peregrinaje gestionando elementos de supervivencia a merced de la corrientes y tormentas o que lleguen soluciones desde fuera del sistema (también por las buenas o por las malas).

Como salir de ésta (II). Fomento del emprendimiento

Se transmite que para equilibrar nuestra cuenta de resultados podemos actuar sobre el gasto y que nuestra única opción es recortarlo. No se habla de mejorar la eficiencia del gasto, eso requiere analizar y diagnosticar para lo que parece no haber tiempo, sino directamente de recortar. Y puestos a recortar no se empieza por los puestos directivos y administrativos (overhead) sino por los directos.

También se considera que una parte de los ingresos están en nuestra mano porque para ingresar más basta con subir los impuestos, vigilar mejor el fraude fiscal o convertir en fraude fiscal lo que eran actividades de subsistencia (clases particulares, recogida de chatarra, cuidar niños, etc.).

Parece que promover la actividad económica esta fuera de nuestro ámbito de actuación y es responsabilidad de los mercados y de inversores extranjeros a los que les caigamos bien y se les ocurra invertir aquí su dinero. Pues no es así. Promover la actividad económica también es cosa nuestra y en el contexto actual es la única solución viable.

El modo más barato de fomentar el emprendimiento es no hacer nada que lo obstaculice. Y más vale que lo hagamos preferentemente en actividades intensivas en conocimiento, de lo contrario estaremos intentando competir con las economías emergentes. La receta es muy simple, Sres. de la Administración, por favor no hagan nada que dificulte la generación de empresas. Es más, no hagan nada, solo deshagan lo que han hecho mal.

Se ha hecho mal lo siguiente:

- Convertir el sector del conocimiento en un sector intervenido, dirigido por un entramado de intereses políticos y empresariales. ¿Quién va a querer crear una empresa que debe competir con otras vinculadas directa o indirectamente a las Administraciones o a políticos en activo? Formación, consultoría, innovación, etc. son actividades llevadas a cabo en un contexto distinto al libre mercado.

- Repartir subvenciones e incentivos a empresas que subsisten en el mercado solo gracias a esas subvenciones cerrando el paso a iniciativas empresariales, de verdad competitivas.

- Subvencionar e incentivar tecnologías emergentes porque si lo son de verdad, el mercado les ofrece todas las oportunidades para autofinanciarse. En estos momentos, los sectores y tecnologías emergentes conviven con la paradoja de no ser líneas de diversificación en las que las empresas piensen preferentemente. Esto sucede porque su factibilidad se considera demasiado ligada a decisiones políticas y este es un elemento de riesgo que los planes de negocio no digieren bien.

- Percibir la promoción del emprendimiento como una fuente de recaudación de impuestos en lugar de cómo un medio de desarrollo económico de la sociedad.

- Financiar semilleros de empresas adscritos a organizaciones que no viven del emprendimiento ni son su elemento de supervivencia.

- Exigir requisitos administrativos no requeridos por el emprendedor (disponer de un plan de negocio avalado por tal o cual empresa consultora).

- No controlar los premios fantasma a "la idea innovadora" que en el mejor de los casos se diseñan para el silo de ideas de su promotor o recompensar un una "beca" a alguno de los alumnos.

- Generar un marco regulatorio muy complejo y exigente (pero solo al comienzo porque después desaparece el control).
Debe subvencionarse aquello que no puede ser directamente transformable en valor económico (soluciones a necesidades sociales y ambientales, investigación básica, sistema educativo, etc.)

La subvención fomenta la falta de competitividad, la falta de espacio para el emprendimiento, las ineficiencias, los costes indirectos y las "burbujas". En casi todos los sectores empresariales hay grandes empresas que se sienten más cómodas manejando influencias políticas que elementos reales de competividad. De aquí el hecho de que las empresas españolas innoven menos de lo que sería de suponer. No lo hacen porque no lo necesitan, dado que obtienen otras ventajas que, aunque desfavorecen la sofisticación de nuestra economía y nos aproxima a la estructura laboral de los países de las economías emergentes, mejoran su competitividad aparente.

Por consiguiente, la falta de emprendimiento en nuestro ámbito socioeconómico además de responder a razones individuales, sociales o culturales (falta de ambición, seguridad, rechazo al riesgo) se agudiza por la forma en las administraciones tratan de "ayudar"

Se percibe la ayuda al emprendimiento como el sostenimiento del negocio de la ayuda al emprendimiento. Del mismo se puede percibir la ayuda a la Innovación, teniendo en cuenta el retorno de las inversiones, como el sostenimiento de la actividad de Fomento de la Innovación. Tal y como hasta ahora se está manejando la promoción de ambas actividades, cuando unimos los dos elementos (emprendimiento + innovación) multiplicamos el factor de ineficiencia.

El sector del conocimiento es economía real y debe de ser tratado como tal. Existe capacidad de emprendimiento y conocimiento en actividades innovadoras con capacidad de generar valor, solo falta el contexto de libre mercado favorable.

Si el mercado no premia al que puede ofrece el mejor producto o servicio al mejor precio es porque hay demasiados elementos que distorsionan el libre mercado y en estas condiciones no habrá emprendimiento. Si los proveedores de productos o servicios tecnológicos no son los mejores posibles, nuestro tejido productivo no se desarrollará como debiera.

Refundación del capitalismo... y del sindicalismo

Vivimos tiempos en los que se cuestiona, desde muchos ámbitos, la viabilidad el estado del bienestar como objetivo universal.

Cuando comenzó esta crisis se acuñó la expresión "refundar el capitalismo" y se está llevando a cabo. Pero no como la mayoría hubiera pensado sino exactamente a la inversa. Más diferencia de clases, más desamparo hacia los desfavorecidos y más injusticia social. Todo ello, para modificar los actuales indicadores macroeconómicos.

En este contexto, los sindicatos y el marco de relaciones laborales en el que llevan a cabo su actividad, es considerado parte y beneficiario del actual sistema político.

El mantenimiento del actual status de los sindicatos y respeto de los convenios colectivos firmados es una batalla casi totalmente perdida. Con la Excel en la mano es incuestionable que los derechos y condiciones laborales no pueden ir por un lado y los resultados económicos de las empresas por otro.

Hasta ahora, tanto sindicatos como empresarios estaban de acuerdo con el papel que cada uno jugaba. Los sindicatos justificaban su actividad circunscritos al ámbito de los derechos y condiciones laborales. Los empresarios dirigían sin transparencia ni participación, sin implicación de los empleados en las decisiones más estratégicas y sin excesiva preocupación por los aspectos profesionales.

Cuando los sindicatos están a punto de perder el último ápice de su protagonismo, se perciben instalados en la parálisis y sin alternativas. Parece que están pensando solo en salvar los muebles (sus intereses particulares). No transmiten ni una sola propuesta al actual estado de cosas salvo reivindicarse como lo que siempre han sido.

La huelga como elemento de presión es un vestigio del pasado, cuando una hora no trabajada era dinero perdido por el empresario. En estos momentos, una hora no trabajada y no pagada, es en muchos casos un regalo para el "patrón".

Los convenios colectivos perderán su vigencia y los asalariados no habrán obtenido nada a cambio (tampoco la seguridad de su puesto de trabajo). A pesar de que los hechos demuestran que los gestores de alto nivel se han hecho merecedores de estar estrechamente controlados, no se plantea ninguna propuesta de incremento de la transparencia en la gestión, ni de proporcionalidad en el reparto de beneficios y salarios, ni de participación de los colectivos sociales en la toma de decisiones. Parece que los sindicatos reniegan de comprometerse con la realidad empresarial que les rodea y que prefieren seguir instalados en una actividad meramente justificativa. Del mismo modo, a la dirección o a la propiedad no les interesa potenciar el nivel el compromiso de los empleados, ni su calidad de vida, insistiendo en que la mano se obra pueda ser gestionada con un recurso equivalente a la energía o al agua.

Existen y funcionan muy bien otros modelos económicos y de relaciones laborales orientados al beneficio colectivo y no al individual pero exigen altas dosis de honestidad por parte de todos. Y claro, esto es mucho pedir a nuestro contexto y cultura.

Sin la dosis suficiente de honestidad y prioridad de lo colectivo respecto a lo individual, flotaremos durante años llevados por la marea, gestionando exclusivamente elementos de supervivencia. Nosotros decidimos.